Frank Cristiani · Septiembre 22, 2026
Debe Haber Sido Algo en Mi Trago
— Frank Cristiani —
“Joder… mira estas tetas”
Las palabras se me escaparon de la boca mientras las manos subían de golpe a sostener mis pechos pesados y suaves. Desde que salí del club aparentemente venía muy segura de mí misma y admirándome en el camino a casa; las manos no paraban de tocarme el cuerpo de formas que normalmente no hago, y mucho menos en el asiento de atrás de un Uber. Pero por alguna razón, no se sintió raro. No paré.
Cuando por fin llegué hasta el edificio, tuve que volver a checar la dirección en mi ID, como si por alguna razón no estuviera segura de en qué piso vivía.
Alguien seguramente había puesto algo a mi trago del club.
En cuanto entré, me desnudé por completo. Estaba bien con eso; el vestido ajustado me había estado incomodando toda la noche de todos modos. Caminé directo al tocador del recámara y nada más… me quedé viendo.
"Dios, estás hermosa", le susurré a mi reflejo, pasando las manos despacio por mis curvas. Mi voz sonaba distinta, más suave, más entrecortada. "Mira este culo…"
Las manos se movieron solas, subiendo otra vez a mis pechos. Normalmente no les doy mucha atención, pero esta noche sentí que merecían un poco de cariño, y mis pezones parecían estar de acuerdo: estaban tan sensibles. Los pellizqué y jadeé de lo rico que se sintió.
"Joder… se siente bien"
Lo dije, no era exactamente lo que estaba pensando, pero supongo que sí se sentía bien.
La mano derecha bajó, rozando el parche suave de vello entre las piernas antes de que los dedos encontraran mi entrada. Ya estaba mojada. Circule el clítoris unas cuantas veces, al principio batallando para dar con el punto correcto, hasta que…
“Ohhh… ahí está…”
Un gemido profundo se me escapó de los labios. Las piernas me temblaron mientras frotaba más rápido, dos dedos metiéndose en mi coño apretado y resbaloso mientras la otra mano seguía jugando con mis tetas.
"Uy qué rico…", jadeé, viéndome en el espejo. La cara sonrojada, los labios entreabiertos, los ojos vidriosos de placer.
Seguí, más rápido y más profundo, gimiendo más fuerte con cada movimiento. El orgasmo subió rápido y pegó duro. El cuerpo se me sacudió al correrme, los jugos corriéndome por los muslos mientras gritaba.
Cuando por fin pasaron las olas, todavía me estaba tocando suavement, despacio, mirando mi imagen desnuda en el espejo con una sonrisa atontada y satisfecha.
"Esta va a ser una noche increíble, mi querida Angelique", Raro, solo uno de mis conocidos me dice así, pero supongo que sí iba a ser una noche rica y romántica a solas.
Lo que haya habido en ese trago… qué bueno que me lo tomé.

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