Soy Virus

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Clonación Mental

Soy Virus

Octubre 6, 2026 · Frank Cristiani

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James llegó a casa exhausto. Un experimento había causado una explosión y, después de una investigación inicial, lo dejaron ir. Sabía que su trabajo ahí ya se había acabado. Lo peor de todo: la mezcla que causó todo ese desastre ni siquiera era suya. Sacó el jugo de naranja del refri y se tomó lo último directo del cartón.

Unos minutos después, su hermanastra Cynthia entró a la cocina. Se inclinó hacia el refri, dándole una vista perfecta de su culo redondo en unos shorts diminutos. Cuando se dio la vuelta y lo cachó mirándola, frunció el ceño.

"Wey, ¿te acabaste mi jugo de naranja?"

Le arrebató el jugo de la mano y se bebió lo que quedaba. Estaba a mitad la mitad de sus quejas cuando de pronto se congeló. Los ojos se le pusieron en blanco un segundo, luego parpadeó rápido, mirando alrededor como si no reconociera la cocina.

Bajó la vista a su propio pecho y se agarró las tetas con las dos manos.

"¡¿Qué carajos?!"

James nada más se quedó viendo, confundido.

Cynthia levantó la vista hacia él, los ojos muy abiertos. "¿Cynthia?", ella preguntó. James alzó una ceja. "¿De qué estás hablando, mujer?"

Pero ella ya caminaba hacia él, tocándole la cara, luego bajando las manos por su pecho hasta llegar a su pene por encima del pantalón. Se le abrieron los ojos. Rápido metió la otra mano en sus propios shorts y entre las piernas.

 

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"¡Puta madre… soy Cynthia!"

James frunció el ceño, pensando en voz alta. "¿Y… no se supone que seas Cynthia?" preguntó, viendo desconcertado a su hermanastra, que ya se estaba quitando la playera suelta, dejando a descubierto su brasier rojo de encaje.

"Yo… no… pero si tú eres yo… ¿entonces quién soy yo?", murmuró, confundida pero con lujuria en los ojos al ver sus pechos. Miró a James con una realización repentina. "¡Rápido, pregúntame cualquier cosa sobre mí!", le dijo, él tartamudeó, "Ahmm… ¿cuántos años tiene tu mamá?", Cynthia ladeó la cabeza. "¡No, idiota! ¡Algo personal que solo Cynthia debería saber!… Espera." Hizo una pausa al caer en cuenta. "No… pregúntame algo que solo yo… bueno, tú, James, deberías saber."

Todavía confundido, James preguntó: "¿Cómo se llama mi jefa?"

Cynthia ya se estaba bajando los shorts mientras contestaba. "Claudia Collins… y tal vez no siga siendo tu jefa por mucho tiempo." Dijo mientras le aventaba los shorts a James con el pie. Él la miró con confusión y sorpresa. Ella siguió. "Y crees que Caroline, la mamá de Cynthia, está buena." Cynthia dijo eso mientras se acariciaba los pechos por encima de la tela del brasier, los pezones ya marcándose, y agregó: "Pero no solo Caroline, también Cynthia… ¿o debería decir yo?"

A James se le abrieron los ojos. "Espera… ¿tú eres yo?"

Ella asintió, batallando para alcanzar atrás de la espalda. "Creo que sí. O al menos lo era hasta hace unos minutos. Estaba tomándome el jugo de naranja y lo siguiente que sé es que tengo las tetas de Cynthia."

Cynthia contestó mientras seguía intentando desabrocharse el brasier. James se dio cuenta y se lo desabrochó. "Ahh, mucho mejor", dijo Cynthia.

"¿Pero cómo?", preguntó James mientras le acariciaba el cuerpo, rozándole los pezones con las yemas de los dedos. "¡Cómo carajos voy a saber cómo, wey!… Dios, qué raro oír su voz cuando hablo y todavía más raro verme caminando sin ser yo quien se mueva". James se regresó frente a Cynthia y la miró a los ojos. Ella le devolvió la mirada y los dos gritaron al mismo tiempo al caer en cuenta.

"¡La explosión!"

De alguna forma, los fluidos de James ahora cargaban un virus. Si alguien entraba en contacto con cualquier fluido de James, se convertía, a falta de un término científico mejor, en un clon de él.

El cuerpo de Cynthia ahora le pertenecía a James... y no perdieron el tiempo.

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James empujó a “Cynthia” contra la barra de la cocina y la besó duro. Ella gimió con esa voz familiar, pero con su propia energía sucia detrás. Le quitó el resto de la ropa y se arrodilló, abriéndole las piernas y enterrándole la lengua en el coño. Sabía increíble. Ella le agarró el cabello y se frotó contra su cara, jadeando y maldiciendo justo como él lo haría.

"Mames, este cuerpo es demasiado pinche sensible", gruñó con la voz dulce de Cynthia. "Con razón siempre todo le molestaba siempre."

James se levantó, la giró y la inclinó sobre la barra. Se sacó la verga y se la metió por detrás de un solo movimiento suave. Estaba apretada, mojada y perfecta. La cogió duro y rápido, una mano agarrándole la cadera mientras la otra se estiraba para frotarle el clítoris, como había fantaseado hacérselo a su hermanastra.

Cynthia gimió fuerte, empujando hacia atrás contra él. "¡Oh! Que bien se siente."

La embistió hasta que las piernas le temblaron y se corrió con un grito fuerte y roto, el coño apretándose alrededor de él. James no paró. Siguió cogiéndola a través del orgasmo, luego se salió y la giró para que se la chupara. Ella se arrodilló sin dudar, metiéndosela profundo a la boca con ganas desordenadas y ansiosas.

Se fueron a la habitacion de Cynthia. James la cogió en todas las posiciones que se le ocurrieron: misionero para verle rebotar las tetas, de vaquera para que ella lo montara mientras él le apretaba el culo, y al final en posicion prona para clavarla boca abajo y cogerla profundo y rudo.

Cuando por fin se corrió, se enterró hasta el fondo y la llenó con cuerdas espesas de semen. Ella gimió todo el tiempo, disfrutando cada segundo.

Pasaron el resto de la tarde explorando su cuerpo juntos, por dentro y por fuera, hasta que oyeron el carro de sus papás llegar a casa.

Tuvieron que fingir que todo estaba normal el resto de la noche.

Pero esa noche, mucho después de que todos se hubieran ido a dormir, la puerta del cuarto de James se abrió en silencio.

Cynthia se metió usando nada más que una playera larga, cerró la puerta detrás de ella y sonrió.

"¿Round dos?"

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Cynthia y James, o más bien los dos James, despertaron en su cama, satisfechos y pegajosos. Entonces James-Cynthia preguntó: "¿Crees que esto fue de una sola vez? ¿Crees que es contagioso?", dijo mientras se sostenía los pechos perfectos.

"Deberíamos analizar mi saliva", sugirió James. Así que tomaron una muestra y usaron su microscopio carísimo. En la pantalla vieron lo que sospechaban que era el virus. Luego analizaron una muestra de la boca de Cynthia: mismo resultado. Iban a tener que tener mucho cuidado o esto se les podía salir de control.

Más tarde, abajo, mientras desayunaban, se encontraron con Robert y Caroline, fingiendo su normalidad en la rutina de la mañana. Sus respectivos padres estaban demasiado ocupados alistándose como para notar que James no paraba de echarle miradas a su clon dentro del cuerpo de Cynthia, ya pensando en cómo se iban a pasar el día.

Robert, el papá de James, se fue de la casa, besando a su esposa de despedida. James ya estaba de vuelta arriba, nada más esperando a que se fueran. Caroline se estaba alistando cuando se inclinó para besar de despedida a su hija Cynthia en los labios, como había hecho toda la vida. A Cynthia-James se le abrieron los ojos de la sorpresa. "¡No! ¡Caroline!", exclamó, mientras su mamá alzaba una ceja. "¿Estás bien, cariño? Nunca me has llamado por mi…", Caroline se detuvo a mitad de la frase, se quedó quieta un momento y luego parpadeó, los ojos aterrizando en Cynthia.

"¡Santa mierda! ¿Otra vez?! ", gritó Caroline, ya sin su forma usual de hablar, calmada y suave. Cynthia simplemente asintió. "Bienvenida al club, supongo… ¿mamá?", dijo mientras se encogía de hombros.

James por fin bajaba las escaleras para encontrarse con su clon en Cynthia, usando solo boxers, esperando que sus papás ya se hubieran ido, pero se encontró con la imagen de Cynthia rodeando a su mamá mientras las dos exploraban las curvas de Caroline. Cynthia quedó detrás de su mamá, las manos ya desabotonándole la blusa mientras le besaba el cuello.

Caroline miró a James con una sonrisa que él nunca le había visto. "Hey, yo", dijo casual mientras se abría la falda tipo lápiz, dejándola caer por sus piernas sedosas.

"Espera, ¿en serio?", preguntó James, la verga ya creciéndole dentro de los boxers. Las dos mujeres se rieron sin separarse de disfrutar sus cuerpos. Se iban a pasar el día entero dándose placer, James por fin disfrutando el cuerpo MILF de su madrastra y siguiendo saboreando la figura en forma de su hermanastra.

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Empezaron en la sala. James cogió a “Cynthia” en el sofá mientras “Caroline” miraba y se tocaba, luego se unió. El cuerpo maduro y curvilineo de MILF de Caroline se sentía increíble envolviéndole la verga. Ella lo montó mientras Cynthia se sentaba en su cara, frotándole el coño mojado contra la lengua. Las dos mujeres se besaban desesperadamente arriba de él, las dos gimiendo con voces que no pegaban con sus personalidades de siempre.

Luego se fueron a la cocina. James inclinó a Caroline sobre la barra y la cogió duro mientras Cynthia se arrodillaba y le lamía las bolas y el clítoris de Caroline al mismo tiempo. Más tarde, Cynthia lo montó en la barra de la cocina mientras Caroline ahora se sentaba en su cara, ahogándolo con su culo grueso y su coño.

Para la tarde ya se habían mudado arriba. James se turnaba para cogerlas a las dos en la cama de sus papás, misionero, doggy y demás, mientras las dos mujeres se besaban y jugaban con el cuerpo de la otra. En un punto Caroline le estaba comiendo el coño a Cynthia mientras James la cogía por detrás. La imagen de la cara de su madrastra enterrada entre las piernas de su hermanastra mientras él la embestía era casi demasiado.

Para la noche los tres estaban exhaustos, muertos de hambre, cubiertos de semen y sudor, y tirados por toda la cama.

Sabían que iban a tener que fingir que todo estaba normal cuando Robert llegara a casa.

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Cuando Robert cruzó la puerta, la casa olía… raro. Dulce, a almizcle y extrañamente pesado. Pero la mesa estaba puesta con comida china y su familia ya lo esperaba con sonrisas. No le dio mucha importancia.

Durante la cena notó que los tres se echaban miradas que se sentían un poco demasiado frecuentes. Caroline también se veía distinta: más brillante, más energética y rara de juguetona. Hasta la forma en que se reía y hablaba se sentía un poco fuera de sí, pero Robert lo dejó pasar. Tal vez estaban planeando una sorpresa para su cumpleaños que se acercaba.

Más tarde esa noche, en su cuarto, Robert jaló a Caroline hacia él por detrás y empezó a besarle el cuello. Ella se tensó un segundo, luego se derritió contra él con un gemido suave.

"Pap… Cariño…", respiró. "Nada más no me beses esta noche, ¿ok? Creo que me está dando algo… no quiero que se te pegue", Robert estuvo de acuerdo mientras seguía desvistiendo a quien creía que era su esposa.

Lo que siguió fue el mejor sexo que habían tenido en años.

Caroline estaba insaciable. Empujó a Robert a la cama y se le subió encima, montándolo con un hambre y una habilidad que él nunca le había visto. Gimió fuerte, frotando las caderas y apretándose sus propios pechos mientras rebotaba en su verga. Robert le agarró el culo, viendo con asombro cómo su esposa normalmente reservada lo cogía como una mujer poseída.

Cambiaron de posición seguido. La inclinó sobre la cama y se la llevó por detrás, embistiéndola mientras ella pedía más. Luego la acostó boca arriba y la cogió profundo y lento, viendo cómo se le torcía la cara de placer. Cuando se la comió, lamiéndole y chupándole el clítoris con ganas, los muslos de Caroline le temblaron alrededor de la cabeza.

Caroline se corrió duro, frotándose contra su lengua e inundándole la boca con sus jugos.

Robert siguió lamiendo a través del orgasmo, pero de pronto se congeló.

"¡No, papá… no pares! ", gritó Caroline.

El cuarto se quedó en silencio.

Robert se retiró despacio, la cara brillándole. La miró hacia arriba con los ojos muy abiertos. Se quedó viendo a su esposa unos segundos, luego parpadeó y dijo: "¡No puede ser! ¡Me vine en tu cara!", Caroline ladeó la cabeza para ver a su esposo con cara de no entender. "¿Qué?", preguntó, todavía jadeando del placer que le recorría el cuerpo.

"Bueno… es que yo tenía este coño hace unos segundos", dijo Robert, limpiándose la boca. "Y ahora ya sabemos que no es solo a través de la saliva."

Caroline se quedó viéndolo, luego dejó caer la cabeza de vuelta al colchón con un suspiro.

"Supongo que ahora sí estamos solos", murmuró.

El Robert original ya no estaba. Igual que la Caroline original. Igual que la Cynthia original.

Ahora solo quedaba James: tres mentes idas, reemplazadas por la suya. Y por primera vez James se dio cuenta de que tal vez de verdad iba a tener que volverse su propia familia, a menos que encontrara una cura para el virus.

Robert, ahora otra versión de él, ya se estaba arrastrando de vuelta entre las piernas de Caroline, abriéndoselas otra vez con una sonrisa familiar y hambrienta.

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Frank Cristiani · Octubre 6, 2026

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